Gustavo J. J. Nieto
Las burbujas del Lago Drex

El día que nos llevaron a conocer el Templo de Vraxcartús, todos estábamos temblando y sudando frío porque no sabíamos cuál sería el bioma que nos asignarían. Yo había pensado mucho sobre eso mientras me formaba en la burbuja, en Lago Drex, donde todos iniciábamos el desarrollo, pero al final la decisión estaba en la energía de Vrax y su campo magnético. Las rocas que formaban el lugar trasmitían una paz que suavizaba las membranas de las burbujas. En el centro había un estanque de un líquido viscoso plateado, a kilómetros de altura se movían nubes de gases de muchos colores, y de ellas nacía Vrax, un rayo continuo que se quebraba, expandía y descendía hasta la tierra.
Llegó mi turno, y los magnetones llevaron mi burbuja hasta el centro del estanque. Vrax rodeó mi membrana bombardeándola de energía. Yo me movía con ganas de salir, sentía felicidad, tristeza, miedo, valentía, hambre y rabia. La membrana se tornó purpura, entonces Vrax se detuvo para que me llevaran a mi bioma.
Los días pasaron sin que lo notara porque cuando volví en sí, me fijé que mi membrana se había resquebrajado, mi burbuja estaba a punto de explotar. Comencé a reír como desquiciado, pues dentro de poco podría saciar el hambre que me abatía. Aceleré el proceso golpeando las paredes, entonces salí de la burbuja. Fue asombroso ver el bioma donde debería vivir.
El terreno estaba inundado de aguas turbias y fangosas. Los altos árboles, que vivían con sus raíces entre las profundidades y la superficie, no dejaban pasar la luz, sus barbas descendían desde las copas y se adentraban en las aguas. Al pasar entre ellas percibí que eran pegajosas. Salí del agua desesperado, buscando alimento, vi a un ser rojo, que podía volar, y se me hizo agua la boca. El hambre me impulsó a perseguirlo, casi lo atrapé con mis mandíbulas, pero se escapó y tuve que resignarme, entonces se me acercó alguien parecido a mí, pero lleno de experiencia, que tenía cien veces mi tamaño. Me tomó por una de mis garras y me llevó a una madriguera.
En aquel lugar había otros seres como yo, todos acabábamos de salir de la burbuja, después me enteré de que eran mis hermanos. Todos teníamos hambre y queríamos escapar de la madriguera, pero los más grandes nos lo impidieron y uno de ellos nos pidió que prestáramos atención porque nos enseñaría a cazar a nuestras presas, dónde morderlas, cuáles podíamos comer y cuáles no, cómo debíamos compartir el alimento con los otros. Después de esa primera clase, yo conseguí atrapar mi primer alimento, era un ser pequeño que tenía tres patas y una barriga jugosa, nunca lo olvidaré.
Pronto quedó claro que teníamos que seguir los consejos de los mayores. En una de las clases no explicaron que había espacios donde no podíamos cazar porque eran los territorios de otras especies, y si queríamos mantener el equilibrio debíamos hacer caso. Pero, la verdad era que nosotros podíamos comer casi todo lo que existía en los otros biomas. Jamás olvidaré el día nos enseñaron que mi especie estaba por encima de las otras, porque salimos de la madriguera y atravesamos el pantano hasta llegar a la sabana y devoramos todo lo que quisimos. Uno de los seres que me comí intentó defenderse y me lastimó una de mis ocho patas, pero no le sirvió de nada porque terminé comiéndomelo de una sola mordida.
No es difícil ser nosotros, y eso se lo debemos a Vrax que nos dio su energía y nos puso en la cima de la pirámide alimenticia. Por eso siempre le pediremos que mantenga nuestro poder sobre los otros seres.

